¡Primavera-Verano!

Hola a todos Sciencepleaseblogueros, este mes estrenamos post veraniego. Porque la primavera ya está aquí y al verano le queda poco para llegar… y con todo esto una de las mejores épocas para nuestras cocinas. Cambio de colores, olores y sabores en un estallido natural en forma de frutas y verduras.

De sobra es conocido por todos lo saludable de nuestras frutas y verduras, así como la suerte que tenemos por pertenecer a una zona rica en variedad sin igual.

La dieta mediterránea nos ofrece desde hace unos días el privilegio del trabajo de la naturaleza durante muchos meses.

Desde el punto de vista nutritivo la fruta, en la que nos centraremos en esta ocasión, nos aporta gran riqueza , para empezar porque es fuente de vitaminas y minerales y constituye un aporte excelente de fibra y sustancias antioxidantes. Entre otros aportes tenemos que destacar la Vitamina C, tan beneficiosa para nuestra salud y que, como otras vitaminas, nuestro organismo no puede sintetizar. Además la fruta de esta temporada contiene gran cantidad de agua, entre un 80 y un 90%, tan importante para hidratarnos con la llegada del calor y, exceptuando algunas de ellas, no aportan grasas y nos alimentan con azúcares naturales.

Teniendo en cuenta que estos azúcares las dotan de un estupendo sabor, no hay excusa para enriquecer nuestra dieta con lo mejor de la naturaleza. Y además sin necesidad de cocinar, por lo que son aptas para perezosos ¿alguien da más?

Pero hasta que una deliciosa fruta cae en nuestras manos la naturaleza ha hecho un gran trabajo, como no, tirando mano de todo lo que sabe de física y química.

El proceso de maduración de un fruto se define, precisamente, como un proceso físico- químico, una serie de cambios que hacen que el fruto madure y se transforme, cambiando su color, su aroma y su textura.

Todo esto es consecuencia de la actividad bioquímica del fruto y consiste básicamente en dos procesos: la transpiración y la respiración.

En primer lugar podríamos hablar de algo que todos conocemos bien, cuando el fruto va madurando, va cambiando de color, hasta que deja de estar como habitualmente solemos decir, “verde”.

El lenguaje coloquial, una vez más, tiene mucho sentido, pues, el fruto en su proceso de maduración va degradando, perdiendo, cloroplastos. Pigmentos de color verde que sirven en la planta para captar la energía de la luz. Al perder estos pigmentos, que antes le daban color verde, van apareciendo poco a poco otros pigmentos que le dan colores rojizos o anaranjados y que todos podemos reconocer en un fruto maduro.

A este proceso se une otro también importante para que una fruta este lista para ser nuestro almuerzo. Las membranas celulares van perdiendo “consistencia”, de forma que el fruto se ablanda.

Por último, y para simplificar, el fruto sufre cambios en las concentraciones de determinadas sustancias, aumenta la concentración de azúcares y disminuye la de ácidos (esos que hacen que notemos en el sabor que un fruto aún está “verde”).

Aumentan también los compuestos volátiles, que disueltos en el aire les aportarán su característico aroma y se incrementa también su contenido en vitaminas, entre otras la vitamina C.

Todos estos aspectos son determinantes para establecer patrones de recolección , que dirán a los expertos cuando deben recolectar la fruta para que se conserve en buen estado hasta que llegue a nuestras cocinas.

Como veis la naturaleza no se anda con tonterías, todo está ¡muy bien pensadito!

Así que ya sabéis, ¡no hay excusas! Con todo lo que sabemos ahora, esta primavera-verano ¡disFRUTA!

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